Inicio > POESIAS de NAVIDAD de GRANDES POETAS

POESIAS de NAVIDAD de GRANDES POETAS

15/12/2005 

Una selección de poemas y villancicos de autores como: Amado Nervo, Gloria Fuertes, Luis Rosales, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz, Gerardo Diego, Fray Luis de León. Juan Ramón Jimenez...

NOCHEBUENA 




Amado Nervo



Pastores y pastoras,

abierto está el edén.

¿No oís voces sonoras?

Jesús nació en Belén.



La luz del cielo baja,

el Cristo nació ya,

y en un nido de paja

cual pajarillo está.



El niño está friolento.

¡Oh noble buey,

arropa con tu aliento

al Niño Rey!



Los cantos y los vuelos

invaden la extensión,

y están de fiesta cielos

y tierra... y corazón.



Resuenan voces puras

que cantan en tropel:

Hosanna en las alturas

al Justo de Israel!



¡Pastores, en bandada

venid, venid,

a ver la anunciada

Flor de David!... 


 



MARÍA MADRE 

 



Gloria Fuertes



La Virgen,

sonríe muy bella.

¡Ya brotó el Rosal,

que bajó a la tierra

para perfumar!



La Virgen María

canta nanas ya.

Y canta a una estrella

que supo bajar

a Belén volando

como un pastor más.



Tres Reyes llegaron;

cesa de nevar.

¡La luna le ha visto,

cesa de llorar!

Su llanto de nieve

cuajó en el pinar.



Mil ángeles cantan

canción de cristal

que un Clavel nació

de un suave Rosal. 




 





JESÚS, EL DULCE, VIENE... 

 



Juan Ramón Jiménez



Jesús, el dulce, viene...

Las noches huelen a romero...

¡Oh, qué pureza tiene

la luna en el sendero!



Palacios, catedrales,

tienden la luz de sus cristales

insomnes en la sombra dura y fría...

Mas la celeste melodía

suena fuera...

Celeste primavera

que la nieve, al pasar, blanda, deshace,

y deja atrás eterna calma...



¡Señor del cielo, nace

esta vez en mi alma! 


 



¿QUIEN HA ENTRADO EN EL PORTAL DE BELÉN?




Gerardo Diego



¿Quién ha entrado en el portal,

en el portal de Belén?

¿Quién ha entrado por la puerta?

¿quién ha entrado, quién?.



La noche, el frío, la escarcha

y la espada de una estrella.

Un varón -vara florida-

y una doncella.



¿Quién ha entrado en el portal

por el techo abierto y roto?

¿Quién ha entrado que así suena

celeste alboroto?



Una escala de oro y música,

sostenidos y bemoles

y ángeles con panderetas

dorremifasoles.



¿Quién ha entrado en el portal,

en el portal de Belén,

no por la puerta y el techo

ni el aire del aire, quién?.



Flor sobre impacto capullo,

rocío sobre la flor.

Nadie sabe cómo vino

mi Niño, mi amor. 


 



NACIMIENTO DE CRISTO, EN QUE SE DISCURRIÓ LA ABEJA






NACIMIENTO DE CRISTO, EN QUE SE DISCURRIÓ LA ABEJA



Sor Juana Inés de la Cruz



De la más fragante Rosa

nació la Abeja más bella,

a quien el limpio rocío

dio purísima materia.



Nace, pues, y apenas nace,

cuando en la misma moneda,

lo que en perlas recibió,

empieza a pagar en perlas.



Que llore el Alba, no es mucho,

que es costumbre en su belleza;

mas quién hay que no se admire

de que el Sol lágrimas vierta?



Si es por fecundar la Rosa,

es ociosa diligencia,

pues no es menester rocío

después de nacer la Abeja;



y más, cuando en la clausura

de su virginal pureza,

ni antecedente haber pudo

ni puede haber quien suceda.



Pues a ¿qué fin es el llanto

que dulcemente le riega?

Quien no puede dar más Fruto,

¿qué importa que estéril sea?



Mas ¡ay! que la Abeja tiene

tan íntima dependencia

siempre con la Rosa, que

depende su vida de ella;



pues dándole el néctar puro

que sus fragancias engendran,

no sólo antes la concibe,

pero después la alimenta.



Hijo y madre, en tan divinas

peregrinas competencias,

ninguno queda deudor

y ambos obligados quedan.



La Abeja paga el rocío

de que la Rosa la engendra,

y ella vuelve a retornarle

con lo mismo que la alienta.



Ayudando el uno al otro

con mutua correspondencia,

la Abeja a la Flor fecunda,

y ella a la Abeja sustenta.



Pues si por eso es el llanto,

llore Jesús, norabuena,

que lo que expende en rocío

cobrará después en néctar. 


 



LAS PAJAS DEL PESEBRE 

 



Lope de Vega



Las pajas del pesebre

niño de Belén

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Lloráis entre pajas,

del frío que tenéis,

hermoso niño mío,

y del calor también.

Dormid, Cordero santo;

mi vida, no lloréis;

que si os escucha el lobo,

vendrá por vos, mi bien.

Dormid entre pajas

que, aunque frías las veis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Las que para abrigaros

tan blandas hoy se ven,

serán mañana espinas

en corona crüel.

Mas no quiero deciros,

aunque vos lo sabéis,

palabras de pesar

en días de placer;

que aunque tan grandes deudas

en pajas las cobréis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Dejad en tierno llanto,

divino Emmanüel;

que perlas entre pajas

se pierden sin por qué.

No piense vuestra Madre

que ya Jerusalén

previente sus dolores

y llora con José;

que aunque pajas no sean

corona para rey,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel. 


 



LA NIÑA A QUIEN DIJO EL ÁNGEL 



 





Lope de Vega



La Niña a quien dijo el Ángel

que estaba de gracia llena,

cuando de ser de Dios madre

le trujo tan altas nuevas,



ya le mira en un pesebre,

llorando lágrimas tiernas,

que obligándose a ser hombre,

también se obliga a sus penas.



¿Qué tenéis, dulce Jesús?,

le dice la Niña bella;

¿tan presto sentís mis ojos

el dolor de mi pobreza?



Yo no tengo otros palacios

en que recibiros pueda,

sino mis brazos y pechos,

que os regalan y sustentan.



No puedo más, amor mío,

porque si yo más pudiera,

vos sabéis que vuestros cielos

envidiaran mi riqueza.



El niño recién nacido

no mueve la pura lengua,

aunque es la sabiduría

de su eterno Padre inmensa.



Mas revelándole al alma

de la Virgen la respuesta,

cubrió de sueño en sus brazos

blandamente sus estrellas.



Ella entonces desatando

la voz regalada y tierna,

así tuvo a su armonía

la de los cielos suspensa.



Pues andáis en las palmas,

Ángeles santos,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.

Palmas de Belén

que mueven airados

los furiosos vientos

que suenan tanto.

No le hagáis ruido,

corred más paso,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.



El niño divino,

que está cansado

de llorar en la tierra

por su descanso,

sosegar quiere un poco

del tierno llanto,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.

Rigurosos yelos

le están cercando,

ya veis que no tengo

con qué guardarlo.



Ángeles divinos

que vais volando,

que se duerme mi niño,

tened los ramos. 


 





AL NACIMIENTO DE CRISTO 



 







Lope de Vega



Repastaban sus ganados

a las espaldas de un monte

de la torre de Belén

los soñolientos pastores,



alrededor de los troncos

de unos encendidos robles,

que, restallando a los aires,

daban claridad al bosque.



En los nudosos rediles

las ovejuelas se encogen,

la escarcha en la hierba helada

beben pensando que comen.



No lejos los lobos fieros,

con los aullidos feroces,

desafían los mastines,

que adonde suenan, responden.



Cuando las oscuras nubes,

de sol coronado, rompe

un Capitán celestial

de sus ejércitos nobles,



atónitos se derriban

de sí mismos los pastores,

y por la lumbre las manos

sobre los ojos se ponen.



Los perros alzan las frentes,

y las ovejuelas corren

unas por otras turbadas

con balidos desconformes.



Cuando el nuncio soberano

las plumas de oro escoge,

y enamorando los aires,

les dice tales razones:



«Gloria a Dios en las alturas,

paz en la tierra a los hombres,

Dios ha nacido en Belén

en esta dichosa noche.



»Nació de una pura Virgen;

buscadle, pues sabéis donde,

que en sus brazos le hallaréis

envuelto en mantillas pobres».



Dijo, y las celestes aves

en un aplauso conformes

acompañando su vuelo

dieron al aire colores.



Los pastores, convocando

con dulces y alegres voces

toda la sierra, derriban

palmas y laureles nobles.



Ramos en las manos llevan,

y coronados de flores,

por la nieve forman sendas

cantando alegres canciones.



Llegan al portal dichoso

y aunque juntos le coronen

racimos de serafines,

quieren que laurel le adorne.



La pura y hermosa Virgen

hallan diciéndole amores

al niño recién nacido,

que Hombre y Dios tiene por nombre.



El santo viejo los lleva

adonde los pies le adoren,

que por las cortas mantillas

los mostraba el Niño entonces.



Todos lloran de placer,

pero ¿qué mucho que lloren

lágrimas de gloria y pena,

si llora el Sol por dos soles?



El santo Niño los mira,

y para que se enamoren,

se ríe en medio del llanto,

y ellos le ofrecen sus dones.



Alma, ofrecedle los vuestros,

y porque el Niño los tome,

sabed que se envuelve bien

en telas de corazones. 


 





YO VENGO DE VER 

 



Lope de Vega



Yo vengo de ver, Antón,

un niño en pobrezas tales,

que le di para pañales

las telas del corazón 






 



ZAGALEJO DE PERLAS 

 







Lope de Vega



Zagalejo de perlas,

hijo del Alba,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana?.



Como sois lucero

del alma mía,

al traer el día

nacéis primero;

pastor y cordero

sin choza y lana,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana?



Perlas en los ojos,

risa en la boca,

las almas provoca

a placer y enojos;

cabellitos rojos,

boca de grana,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana?



Que tenéis que hacer,

pastorcito santo,

madrugando tanto

lo dais a entender;

aunque vais a ver

disfrazado el alma,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana. 


 



Romance del Nacimiento



San Juan de la Cruz



Ya que era llegado el tiempo

en que de nacer había,

así como desposado

de su tálamo salía,



abrazado con su esposa,

que en sus brazos la traía,

al cual la graciosa Madre

en su pesebre ponía,



entre unos animales

que a la sazón allí había,

los hombres decían cantares,

los ángeles melodía,



festejando el desposorio

que entre tales dos había,

pero Dios en el pesebre

allí lloraba y gemía,



que eran joyas que la esposa

al desposorio traía,

y la Madre estaba en pasmo

de que tal trueque veía:



el llanto del hombre en Dios,

y en el hombre la alegría,

lo cual del uno y del otro

tan ajeno ser solía. 




 



DE CÓMO ESTABA LA LUZ... 

 







Luis Rosales



El sueño como un pájaro crecía

de luz a luz borrando la mirada;

tranquila y por los ángeles llevada,

la nieve entre las alas descendía.



El cielo deshojaba su alegría,

mira la luz el niño, ensimismada,

con la tímida sangre desatada

del corazón, la Virgen sonreía.



Cuando ven los pastores su ventura,

ya era un dosel el vuelo innumerable

sobre el testuz del toro soñoliento;



y perdieron sus ojos la hermosura,

sintiendo, entre lo cierto y lo inefable,

la luz del corazón sin movimiento. 


 





DE CUAN GRACIOSA Y APACIBLE ERA LA BELLEZA DE LA VIRGEN 

 



Luis Rosales



¡Morena por el sol de la alegría,

mirada por la luz de la promesa,

jardín donde la sangre vuela y pesa;

inmaculada Tú, Virgen María!.



¿Qué arroyo te ha enseñado la armonía

de tu paso sencillo, qué sorpresa

de vuelo arrepentido y nieve ilesa,

junta tus manos en el alba fría?.



¿Qué viento turba el momento y lo conmueve?

Canta su gozo el alba desposada,

calma su angustia el mar, antiguo y bueno.



La Virgen, a mirarle no se atreve,

y el vuelo de su voz arrodillada

canta al Señor, que llora sobre el heno. 


 





ODA A LA VIRGEN 





Fray Luis de León



Virgen, que el sol más pura,

gloria de los mortales, luz del cielo,

en quien la piedad es cual la alteza:

los ojos vuelve al suelo

y mira un miserable en cárcel dura,

cercado de tinieblas y tristeza.

Y si mayor bajeza

no conoce, ni igual, juicio humano,

que el estado en que estoy por culpa ajena,

con poderosa mano

quiebra, Reina del cielo, esta cadena.



Virgen, en cuyo seno

halló la deidad digno reposo,

do fue el rigor en dulce amor trocado:

si blando al riguroso

volviste, bien podrás volver sereno

un corazón de nubes rodeado.

Descubre el deseado

rostro, que admira el cielo, el suelo adora:

las nubes huirán, lucirá el día;

tu luz, alta Señora,

venza esta ciega y triste noche mía.



Virgen y madre junto,

de tu Hacedor dichosa engendradora,

a cuyos pechos floreció la vida:

mira cómo empeora

y crece mí dolor más cada punto;

el odio cunde, la amistad se olvida;

si no es de ti valida

la justicia y verdad, que tú engendraste,

¿adónde hallará seguro amparo?

Y pues madre eres, baste

para contigo el ver mi desamparo.



Virgen, del sol vestida,

de luces eternales coronada,

que huellas con divinos pies la Luna;

envidia emponzoñada,

engaño agudo, lengua fementida,

odio crüel, poder sin ley ninguna,

me hacen guerra a una;

pues, contra un tal ejército maldito,

¿cuál pobre y desarmado será parte,

si tu nombre bendito,

María, no se muestra por mi parte?



Virgen, por quien vencida

llora su perdición la sierpe fiera,

su daño eterno, su burlado intento;

miran de la ribera

seguras muchas gentes mi caída,

el agua violenta, el flaco aliento:

los unos con contento,

los otros con espanto; el más piadoso

con lástima la inútil voz fatiga;

yo, puesto en ti el lloroso

rostro, cortando voy onda enemiga.



Virgen, del Padre Esposa,

dulce Madre del Hijo, templo santo

del inmortal Amor, del hombre escudo:

no veo sino espanto;

si miro la morada, es peligrosa;

si la salida, incierta; el favor mudo,

el enemigo crudo,

desnuda, la verdad, muy proveída

de armas y valedores la mentira.

La miserable vida,

sólo cuando me vuelvo a ti, respira.



Virgen, que al alto ruego

no más humilde sí diste que honesto,

en quien los cielos contemplar desean;

como terrero puesto-

los brazos presos, de los ojos ciego-

a cien flechas estoy que me rodean,

que en herirme se emplean;

siento el dolor, mas no veo la mano;

ni me es dado el huir ni el escudarme.

Quiera tu soberano

Hijo, Madre de amor, por ti librarme.



Virgen, lucero amado,

en mar tempestuoso clara guía,

a cuvo santo rayo calla el viento;

mil olas a porfía

hunden en el abismo un desarmado

leño de vela y remo, que sin tiento

el húmedo elemento

corre; la noche carga, el aire truena;

ya por el cielo va, ya el suelo toca;

gime la rota antena;

socorre, antes que emviste en dura roca.



Virgen, no enficionada

de la común mancilla y mal primero,

que al humano linaje contamina;

bien sabes que en ti espero

dende mi tierna edad; y, si malvada

fuerza que me venció ha hecho indina

de tu guarda divina

mi vida pecadora, tu clemencia

tanto mostrará más su bien crecido,

cuanto es más la dolencia,

y yo merezco menos ser valido.



Virgen, el dolor fiero

añuda ya la lengua, y no consiente

que publique la voz cuanto desea;

mas oye tú al doliente

ánimo, que contino a ti vocea. 




 



Fuente: Arvo.net









 


Solidaridad.net

Imprimir artículo