CONCLUSIONES DEL CURSO:
"RESPUESTAS A LOS PROBLEMAS DE LA JUVENTUD DE HOY"
CASA EMAÚS - ESCUELA SOLIDARIA IQBAL MASIH

10-11 Octubre 2009

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La agresión a la infancia y a la juventud parece ir más allá de unos daños colaterales en esta guerra de los fuertes contra los débiles. La manera sistemática y organizada con la que se está haciendo nos hace pensar no sólo en un mundo en guerra, sino también en un mundo enfermo y sin esperanza alguna en el futuro, en UNA CULTURA DE MUERTE.

Hay efectivamente una agresión sistemática a lo más profundo de la naturaleza no ya del joven, sino de todo ser humano: una agresión a su VOCACIÓN, a su llamada a ser Solidario, a ser corresponsable con toda la realidad y con todos los demás seres humanos que forman parte de ella.

Las manifestaciones de esas agresiones se expusieron en el curso bajo tres capítulos:

  1. El aplastamiento y la negación de su vida. A millones de niños se les impide tan siquiera existir (más de 100 millones de abortos anuales). A otros tantos se les aniquila en vida antes de cumplir los cinco años bajo la pena de la miseria, el hambre y la enfermedad. A una inmensísima mayoría, se les priva de “ser hijos de…”, de nacer en el seno de una familia o de tener familia. En sentido literal y en su significado más profundo, los huérfanos son legión. La orfandad es de las experiencias más generalizadas de nuestra infancia y juventud.
  2. La privación de los bienes fundamentales para su desarrollo integral personal y colectivo. La condición de la mayoría de los niños y los jóvenes en el mundo sigue siendo la de la miseria y la ignorancia.
  3. La explotación, la esclavitud y la violación de la vocación profesional en el más suave de los casos. Más de 400 millones de niños esclavos, aplastados bajo el yugo del sistema económico imperialista. Jóvenes condenados a “trabajos forzados”, también en todos los sentidos. Sin olvidar que también producen esclavitud las cadenas de oro del consumismo y el hedonismo.

El “control mundial de la población” y el control—manipulación de la conciencia desde la infancia (hemos analizado también el plan de formación que este imperialismo trabaja con los jóvenes a través de los MCS, la Escuela y las formas de vida), son una clave de la estrategia del control de los negocios y del control del poder político. El altar del bienestar de unos pocos ya pasa descaradamente por la ofrenda sangrienta de los niños y los jóvenes.

Bajo apariencia de “libertad”, de unas relaciones libres de “cadenas” y de “prejuicios”, y de “felicidad”, una mirada atenta, una postura decidida, no neutral, desde el sufrimiento de los débiles, contempla las cunetas de los caminos trazados llenas de cementerios, de prostíbulos, de cárceles, de violencia, de campos de concentración, de manicomios, de adicciones infernales,… tal y como ya nos anticipaban grandes educadores como Rovirosa o Julián Gómez del Castillo.

Pero los jóvenes, aún heridos y desorientados, o mejor dicho, desde ésta debilidad y sufrimiento, y CON LA CONDICIÓN de que sea plena y sinceramente reconocida y consciente, nunca han sido, ni son, ni serán sordos a la justicia, a la belleza, a lo verdadero,… a la solidaridad a la que son llamados desde el fondo de su corazón joven. Así lo pusimos también de manifiesto exponiendo algunos capítulos del asociacionismo juvenil que lucha por la justicia. Hablamos de los jóvenes que se organizan en el marco de las organizaciones militantes adultas. Hablamos de los jóvenes que se han encontrado el testimonio de lucha de los adultos. Hablamos de los jóvenes capaces de protagonizar su proceso de liberación de las cadenas que les ciegan, les amordazan y les paralizan. Hablamos de la historia, y del presente. De las juventudes socialistas, de los orígenes de la Juventud Obrera Católica,… señalando sus aciertos y sus errores, sus graves errores queriéndose desligar de los adultos o desentendiéndose de un plan de formación y de acción adecuado. Y del pequeño testimonio que tenemos entre manos, de Camino Juvenil Solidario, de su pequeña trayectoria y de los retos que tenemos delante.

A los padres, a las familias, a los educadores de todo tipo que asistimos al curso no se nos dejó sólo con la cabeza caliente. También con el corazón caliente y con las manos dispuestas a asumir su responsabilidad ante tamaño reto: una educación para la solidaridad en un mundo insolidario. La esperanza pertenece a los que luchan.

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