Poesías de Navidad

  1. NOCHEBUENA

Sintecho

Amado Nervo

 

 Pastores y pastoras,

abierto está el edén.

¿No oís voces sonoras?

Jesús nació en Belén.

 

La luz del cielo baja,

el Cristo nació ya,

y en un nido de paja

cual pajarillo está.

 

El niño está friolento.

¡Oh noble buey,

arropa con tu aliento

al Niño Rey!

  refugiados africa

Los cantos y los vuelos

invaden la extensión,

y están de fiesta cielos

y tierra... y corazón.

 

Resuenan voces puras

que cantan en tropel:

Hosanna en las alturas

al Justo de Israel!

 

¡Pastores, en bandada

venid, venid,

a ver la anunciada

Flor de David!...


MARÍA MADRE

 


Gloria Fuertes

 

La Virgen,

sonríe muy bella.

¡Ya brotó el Rosal,

que bajó a la tierra

para perfumar!

 

La Virgen María

canta nanas ya.

Y canta a una estrella

que supo bajar

a Belén volando

como un pastor más.

 

Tres Reyes llegaron;

cesa de nevar.

¡La luna le ha visto,

cesa de llorar!

Su llanto de nieve

cuajó en el pinar.

 

Mil ángeles cantan

canción de cristal

que un Clavel nació

de un suave Rosal.

 

 


 

 

JESÚS, EL DULCE, VIENE...

 


Juan Ramón Jiménez

 

Jesús, el dulce, viene...

Las noches huelen a romero...

¡Oh, qué pureza tiene

la luna en el sendero!

 

Palacios, catedrales,

tienden la luz de sus cristales

insomnes en la sombra dura y fría...

Mas la celeste melodía

suena fuera...

Celeste primavera

que la nieve, al pasar, blanda, deshace,

y deja atrás eterna calma...

 

¡Señor del cielo, nace

esta vez en mi alma!

 


¿QUIEN HA ENTRADO EN EL PORTAL DE BELÉN?


Gerardo Diego

 

¿Quién ha entrado en el portal,

en el portal de Belén?

¿Quién ha entrado por la puerta?

¿quién ha entrado, quién?.

 

La noche, el frío, la escarcha

y la espada de una estrella.

Un varón -vara florida-

y una doncella.

 

¿Quién ha entrado en el portal

por el techo abierto y roto?

¿Quién ha entrado que así suena

celeste alboroto?

 

Una escala de oro y música,

sostenidos y bemoles

y ángeles con panderetas

dorremifasoles.

 

¿Quién ha entrado en el portal,

en el portal de Belén,

no por la puerta y el techo

ni el aire del aire, quién?.

 

Flor sobre impacto capullo,

rocío sobre la flor.

Nadie sabe cómo vino

mi Niño, mi amor.

 


 

NACIMIENTO DE CRISTO, EN QUE SE DISCURRIÓ LA ABEJA


 

NACIMIENTO DE CRISTO, EN QUE SE DISCURRIÓ LA ABEJA

 

Sor Juana Inés de la Cruz

 

De la más fragante Rosa

nació la Abeja más bella,

a quien el limpio rocío

dio purísima materia.

 

Nace, pues, y apenas nace,

cuando en la misma moneda,

lo que en perlas recibió,

empieza a pagar en perlas.

 

Que llore el Alba, no es mucho,

que es costumbre en su belleza;

mas quién hay que no se admire

de que el Sol lágrimas vierta?

 

Si es por fecundar la Rosa,

es ociosa diligencia,

pues no es menester rocío

después de nacer la Abeja;

 

y más, cuando en la clausura

de su virginal pureza,

ni antecedente haber pudo

ni puede haber quien suceda.

 

Pues a ¿qué fin es el llanto

que dulcemente le riega?

Quien no puede dar más Fruto,

¿qué importa que estéril sea?

 

Mas ¡ay! que la Abeja tiene

tan íntima dependencia

siempre con la Rosa, que

depende su vida de ella;

 

pues dándole el néctar puro

que sus fragancias engendran,

no sólo antes la concibe,

pero después la alimenta.

 

Hijo y madre, en tan divinas

peregrinas competencias,

ninguno queda deudor

y ambos obligados quedan.

 

La Abeja paga el rocío

de que la Rosa la engendra,

y ella vuelve a retornarle

con lo mismo que la alienta.

 

Ayudando el uno al otro

con mutua correspondencia,

la Abeja a la Flor fecunda,

y ella a la Abeja sustenta.

 

Pues si por eso es el llanto,

llore Jesús, norabuena,

que lo que expende en rocío

cobrará después en néctar.

 


LAS PAJAS DEL PESEBRE

 


Lope de Vega

 

Las pajas del pesebre

niño de Belén

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Lloráis entre pajas,

del frío que tenéis,

hermoso niño mío,

y del calor también.

Dormid, Cordero santo;

mi vida, no lloréis;

que si os escucha el lobo,

vendrá por vos, mi bien.

Dormid entre pajas

que, aunque frías las veis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Las que para abrigaros

tan blandas hoy se ven,

serán mañana espinas

en corona crüel.

Mas no quiero deciros,

aunque vos lo sabéis,

palabras de pesar

en días de placer;

que aunque tan grandes deudas

en pajas las cobréis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Dejad en tierno llanto,

divino Emmanüel;

que perlas entre pajas

se pierden sin por qué.

No piense vuestra Madre

que ya Jerusalén

previente sus dolores

y llora con José;

que aunque pajas no sean

corona para rey,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

 


 

LA NIÑA A QUIEN DIJO EL ÁNGEL 

 

Lope de Vega

 

La Niña a quien dijo el Ángel

que estaba de gracia llena,

cuando de ser de Dios madre

le trujo tan altas nuevas,

 

ya le mira en un pesebre,

llorando lágrimas tiernas,

que obligándose a ser hombre,

también se obliga a sus penas.

 

¿Qué tenéis, dulce Jesús?,

le dice la Niña bella;

¿tan presto sentís mis ojos

el dolor de mi pobreza?

 

Yo no tengo otros palacios

en que recibiros pueda,

sino mis brazos y pechos,

que os regalan y sustentan.

 

No puedo más, amor mío,

porque si yo más pudiera,

vos sabéis que vuestros cielos

envidiaran mi riqueza.

 

El niño recién nacido

no mueve la pura lengua,

aunque es la sabiduría

de su eterno Padre inmensa.

 

Mas revelándole al alma

de la Virgen la respuesta,

cubrió de sueño en sus brazos

blandamente sus estrellas.

 

Ella entonces desatando

la voz regalada y tierna,

así tuvo a su armonía

la de los cielos suspensa.

 

Pues andáis en las palmas,

Ángeles santos,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.

Palmas de Belén

que mueven airados

los furiosos vientos

que suenan tanto.

No le hagáis ruido,

corred más paso,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.

 

El niño divino,

que está cansado

de llorar en la tierra

por su descanso,

sosegar quiere un poco

del tierno llanto,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.

Rigurosos yelos

le están cercando,

ya veis que no tengo

con qué guardarlo.

 

Ángeles divinos

que vais volando,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.