Miércoles 17 Enero 2018

JANUZ KORCZAK: UN MAESTRO EN EL QUE PENSAR

Jacobo Dodiuk, hoy de 76 años, padre de 2 hijos, reside en Francia desde 1937, donde se dedica a trabajar con cueros finos. Durante la 2ª Guerra Mundial integró la Resistencia antinazi. Algún tiempo atrás, en los años decisivos de su formación, vivió en el Hogar de Huérfanos de la calle Krolmachna 92, que dirigía el dr. JANUSZ KORCZAK.

 Tiene recuerdos precisos, concretos. “Han pasado tantos años, han ocurrido tantas cosas, y, sin embargo, vuelvo a ver el Hogar y al Dr. Korczak como si fuera ayer ... allí era feliz”. Dodiuk nació en el seno de una familia judía pobre, en una pequeña aldea polaca. Cuando tenía 2 años falleció su padre y con su madre se marchó a Varsovia, donde vivía una tía. Allí eran 8 personas en una sola habitación, que a la vez hacía de cocina y lugar de trabajo. Como la vida no era nada fácil, su madre decidió internarlo en el Hogar de Huérfanos del Dr. Korczak.


Estos son sus recuerdos: “... me impresionó aquel gran edificio moderno, con calefacción central y 2 grandes dormitorios, uno para 51 niños y otro para 56 niñas. En la Sala de Recreo había un gran gong que golpeaba la directora, sra. Stefa Wilckynszka, para llamarnos a comer...Cuando llegué, el Dr. Korczak me revisó...me hizo bromas e inmediatamente le tomé confianza...nos levantábamos a las 6 y desayunábamos a las 7; para el “segundo desayuno” nos daban una merienda que llevábamos a la escuela, porque todos asistíamos a las escuelas de la ciudad. Yo iba a la de la calle Bryzbowska, que admitía chicos judíos. A las 3 volvíamos al Hogar a almorzar, luego hacíamos los deberes. Cada uno de nosotros debía desempeñar una tarea...en el Hogar había 1 cocinera y 2 ayudantes...después del trabajo podíamos jugar hasta la cena ...a las 8.30 debíamos estar en la cama; entonces un monitor o el mismo dr. Korczak nos leían en voz alta o nos contaban cuentos. A veces alguien tocaba el violín o escuchábamos algún disco ...
 


El sistema del dr. Korczak se fundaba en el autogobierno por parte de los niños. La institución más importante era el Tribunal, cuyo Código lo había redactado el doctor y ante el cual se presentaban los principales delitos: golpes, insultos, hurtos, faltas de disciplina, negligencia en el cumplimiento de las tareas. En los 2 últimos casos, eran los educadores quienes hacían cargos a los niños en falta. El acusado y el acusador se presentaban con sus testigos ante el educador, quien tomaba la acusación. El Tribunal lo componían 5 jueces de 12 a 14 años, elegidos por sorteo entre los chicos que no habían cometido faltas durante esa semana.Un educador participaba del Tribunal como secretario, sin derecho a voto; su tarea era anunciar los casos a juzgar, llevar un registro de los veredictos inapelables y leerlos públicamente, lo que se hacía los sábados por la mañana, delante de todos, alumnos, educadores y personal. Entre los chicos del Hogar se promovieron normas de conducta muy diferentes a las imperantes en la calle de la que habían salido. De ese modo, la solidaridad, la responsabilidad individual y colectiva, el trabajo mancomunado, el respeto por el otro, el esfuerzo creador, la libertad y la justicia se transformaron en los valores concretos (y no abstractos) en torno a los cuales giraban todas las actividades, tanto laborales como educativas y / o recreativas.

Entre las novedades educativas revolucionarias que nacieron en el Hogar –todo un ejemplo de autogestión- tenemos un periódico realizo íntegramente por los mismos chicos, campamentos y vida al aire libre, talleres para el autoabastecimiento y un Tribunal de Justicia, compuesta pura y exclusivamente por los chicos internados. Sin lugar a dudas, estos espacios de participación genuinos, se transformaron en herramientas concretas de protagonismo infanto – juvenil en el proceso de toma de decisiones y de democratización real y verdadera en la enseñanza. En el Hogar de Huérfanos de la calle Krolmachna, el trabajo era una actividad productiva, formativa y educativa.

Paralelamente Korczak realizaba un programa radial que se difundía a toda Polonia, en el que los principales corresponsales (unos 2000) eran chicas y chicos de todo el país, que con sus cartas, canciones, poemas e informes daban vida a sus audiciones. Sin embargo, y a pesar de la gran popularidad con que contaba esta audición semanal, fue levantada por razones de orden político y discriminatorio.

Con el inicio de la 2ª Guerra Mundial, las cosas se modificaron sustancialmente. Es conocida la política de persecución a los judíos –por el solo hecho de serlo- practicada por el nazismo. Al derrotar a Polonia y tomar el poder, los nazis crearon en todo ese país los ghettos, que eran barrios aislados del resto de la ciudad por paredones y alambradas de púas, custodiados por policías y otras fuerzas de seguridad, en los cuales se confinaba a los judíos, que carecían así de la mayoría de los servicios esenciales para la vida.

Debido a esta política racista y antisemita, el Hogar de Huérfanos de Korczak fue clausurado, sus bienes confiscados y sus integrantes encerrados en el ghetto. A pesar de ello, y aunque Korczak estaba amar-gado, triste, cansado y sin esperanzas, resolvió retomar la tarea y refundar el Hogar en las nuevas condi- ciones del ghetto. Nuevamente lo rodeó un grupo de abnegados colaboradores y ayudantes (médicos, en-fermeras, maestras), quienes sobreponiéndose a la pésima situación en que se hallaban, fueron dando for-ma y vida digna al nuevo Hogar. Así, poco a poco, y contando con la solidaridad de algunos pobladores del ghetto y de fuera de él, se fue retomando la dinámica de la labor en el Hogar, reapareciendo el periódico y gestando nuevas iniciativas para elevar la moral de sus más de 200 chicos integrantes.

Hacia mediados de 1942, los nazis resolvieron liquidar el ghetto de Varsovia. Para ello realizaron grandes cacerías humanas (“aktzias”) para capturar gente y deportarla a los campos de concentración y extermi-nio. En una de ellas, el objetivo fue el Hogar de Huérfanos: todos sus componentes fueron aprisionados. Debido al prestigio internacional de Korczak, la comandancia nazi le ofreció salvar su vida y canjearla por prisioneros de guerra. Korczak rechazó sin dudar esta oferta. Cuando su Hogar fue clausurado el 5 de agosto de1942, prefirió no abandonar a sus chicos y marchar junto a ellos en los vagones de ganado hacia las cámaras de gas de Treblinka.

Korczak no era un pedagogo; sí un director de Hogares para Niños. Sin embargo, sus trabajos pedagógicos y educativos representaron –en su tiempo y lugar- toda una revolución, un aire purificador, dadas las innovaciones llevadas a cabo, ya sea por su profundidad como por su novedad. Escribió mas de 26 libros relatando todas y cada una de sus experiencias, aún en los duros tiempos del ghetto. Ya en 1901 (¡¡!!) escribió “Los chicos de la calle”, orientado a quienes serían el objeto fundamental de su labor y sus desvelos. Las condiciones de vida y de trabajo de aquellos días expulsaban a las calles a miles de chicos, hijos de hogares obreros, sumidos en la miseria y el dolor. El abandono era una de las consecuencias

De allí la enorme significación de lo realizado por Korczak:
· por ocuparse de los chicos desamparados
· por no resignarse ante las penurias y luchar para lograr sus objetivos
· por lo novedoso de su trabajo, con un sector de la sociedad hasta entonces no considerado
· por su valentía y decisión
· por los cambios que introdujo en el proceso de enseñanza aprendizaje.

JANUSZ KORCZAK, al superar la mediocridad, estimular el pensamiento reflexivo y la acción autónoma -aún en las condiciones límites del ghetto- introdujo un componente distinto y renovador en la educación: el protagonismo del estudiante, no como alguien pasivo sino como un actor fundamental. Por otra parte, al fijar su mirada en los chicos de la calle, sus enseñanzas, su pensamiento y acción tienen plena vigencia en nuestros días. Basta con solo recorrer algunas calles de nuestras ciudades para observar cómo decenas de pibas y pibes deambulan tratando de sobrevivir.

Su abnegada vida (1878 – 1942) es un canto a la vida, a la Humanidad y a la justicia; es un ejemplo de entereza, entrega, coraje. Fue un maestro ejemplar. A  70 años de su desaparición física es bueno que lo recordemos, pero no para dejarlo quieto como tantos íconos, a quienes así volvemos a matar. Su modelo debe servirnos de guía para la reflexión y para la acción.


© Prof. Daniel Silber

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